En la política global, el verdadero juego rara vez se libra en los discursos públicos. Donald Trump y Nicolás Maduro, presentados ante el mundo como enemigos ideológicos, representan para muchos analistas dos caras de una misma moneda: liderazgos opuestos en apariencia, pero funcionales a un sistema donde el poder real no siempre está en manos del pueblo.
Ambos personajes han construido narrativas de soberanía, independencia y defensa nacional. Sin embargo, detrás del telón, los intereses que realmente se imponen no son los de las personas ni los de sus familias, sino los de élites económicas, complejos financieros y estructuras de poder transnacionales que se benefician del conflicto, la polarización y la desestabilización.
El mito de la soberanía y el control del relato
Estados Unidos y Venezuela se muestran como polos contrarios, pero en la práctica participan de una misma lógica: crear enemigos, dividir sociedades y sostener un relato que justifique sanciones, bloqueos, control de recursos y expansión de influencia. La idea de “naciones libres y soberanas” muchas veces choca con la realidad de decisiones tomadas bajo presión de intereses económicos globales.
En este escenario, figuras como Trump o Maduro funcionan como avatares políticos: personajes visibles que canalizan emociones colectivas —miedo, orgullo, rabia, esperanza— mientras el verdadero poder opera en niveles menos visibles.
Economía, recursos y guerras que no se ven
Petróleo, minerales estratégicos, energía y control territorial siguen siendo el centro del conflicto global. Las guerras modernas ya no siempre se libran con tanques, sino con sanciones económicas, manipulación mediática y crisis inducidas.
En este tablero, la vida cotidiana de las personas pasa a segundo plano. Las familias no son prioridad cuando lo que está en juego son rutas energéticas, mercados y hegemonía económica.
¿Quién gana realmente?
Mientras los pueblos discuten entre izquierda y derecha, democracia o dictadura, los grandes beneficiados suelen ser los mismos: corporaciones, fondos financieros y élites que no aparecen en campañas ni en elecciones. El resultado es un mundo cada vez más polarizado, donde el conflicto permanente se convierte en negocio.
Una pregunta incómoda
Tal vez la pregunta no sea si Trump o Maduro tienen razón, sino quién se beneficia de que sigamos creyendo que son tan distintos. Porque cuando el juego está puesto sobre la mesa, lo que prima no es la ideología, sino el poder.
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Amante de Los Buenos Eventos, apasionado por la Verdad, Activista por los Derechos de los Animales. Instagram
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